Julio 17, 2012

El miedo nos paraliza.
Primero, nos aturde y aquieta.
De forma progresiva, nos inquieta.
Algunos tiemblan. Otros, experimentan mareos.
El susto de la luz que se apaga de pronto; ya no hay certezas.
El miedo paraliza al sentido común y con los ojos abiertos frente a la oscuridad y las manos estiradas como falsa guía, tropezamos, nos golpeamos, caemos.
O nos encerramos bajo la cama a esperar que todo pase.

Enero 25, 2012
El paso uno

Lo conocí en una jaula de la que él escapo a tiempo; tenía la misma cadena pero no la misma condena. Yo esperé mi liberación olvidando haberlo recordado alguna vez. 

Creo que fue un golpe en la cabeza lo que me dieron cuando salí porque no tengo memorias posteriores hasta mi llegada al cuarto blanco. Era mejor que detenerse por horas a mirar las barras paralelas y tenía guardianes perezosos, ¿o eran acaso dispersos?

Se asomó una sola vez por la pequeña ventana y entre gestos torpes pudimos coordinar el cambio de guardia nocturna con la primera de sus tres visitas furtivas. Eran de noche y recuerdo una particular en que la tormenta casi nos arranca desde los cimientos.

Los encuentros dejaron de ser secretos y libres los dos, ya podíamos portar cuchillos en la cama. De los cortes en la piel, brota la sangre manchando sábanas, que humedecen el colchón y lo penetran de a gotas derramadas mientras un cuerpo muere desangrado sobre hilos egipcios.

Lo conocí en una jaula.

Enero 22, 2012
Traición onírica.

No recuerdo cómo llegamos a casa, cuando la idea inicial era no quedarnos dormidos en mi cama. Habíamos pasado la noche en otro lugar, ajeno a ambos, creo que hacia al norte o talvez esa idea tuve mientras lo observaba manejar.

Caímos rendidos acompañados por el primer claro de la mañana, cerré la cortina de mi cuarto con la certeza de que estaba a mi lado. No tuve pesadillas, no encontré dificultad en conciliarme con el sueño. Desperté con mi mano derecha sobre su pecho, sintiendo su corazón en un latir inconstante. Tomó fuerte mi cadera y me puso de lado, me susurró que no quería hablar pero yo estaba en silencio, inmóvil, maleable, dócil y vulnerable. Con su mano áspera, corrió el pelo que cubría mi oreja que no estaba apoyada sobre la almohada, y entre sueño y vigilia me repitió que tenía que callarse porque iba a decir algo.

Me dormí profundamente sólo para otorgarle el beneficio de la duda y horas más tarde, bajé abrirle la puerta en silencio y sin besos de despedida.

Enero 8, 2012
Aire. Fuerza.

Era un guerrero reposando de su propia vida sobre mí. Luchador incansable de ojos color tormento, alquimista de la pérdida y el reencuentro. Cabía mi cuerpo entero en las palmas de sus fuertes manos, me encerraba entre ellas, me enseñaba el calor y luego me dejaba libre como mariposa. Sabía que aunque tuviera alas no las hubiera usado nunca para perderme de su lado.

Yo miraba fijo el hueso de su nariz quebrada y él se sonreía a medias, me devolvía los ojos de costado y me besaba con asfixiante violencia hasta sentir que me faltaba el aliento de tanto amarlo.

Me fundía en él como acero y el viento me trajo hasta aquí como arena desprendida de sus dedos.

Diciembre 31, 2011
La noche de Leo

Fijé la mirada en el rabillo de su ojo esperando algún movimiento pero estaban fijos, clavados en mi pupila. Las manos fuertes de Leo apretaban mis hombros e impedían moverme. 

Era una noche de verano, estábamos contra una pared iluminados por las luces de la calle y los coches.  Yo llevaba un solero corto floreado, sandalias planas y el cabello recogido, talvez un mechón sobre la cara. Leo vestía todo el año igual excepto una campera de cuero que usaba sólo cuando hacía mucho frío. Sus piernas delgadas se ocultaban bajo el jean gastado que usaba el mismo día que lo conocí, igual que esas ridículas botas. Parecía no crecer y sin embargo, en silencio, lo hacía. Ya no era joven pero tampoco viejo, no era dócil ni torpe. Era un niño en mis brazos aunque ahora estuvieran inmovilizados por su propio peso al costado de mi cuerpo, con los hombros apretados.

Permanecimos en silencio un tiempo que no sé describir ni recordar. Seguía mirando el  ángulo de cuarenta y cinco grados externo de su ojo izquierdo.  Por momentos, pestañaba y yo trataba de recordar cómo habíamos llegado hasta ahí y por qué estaba todo tan silencioso. ¿Estaba lejos de casa? 

De pronto, un derredor anaranjado que no supe distinguir hasta que miré el centro de su ojo, la pupila dilatada, el reflejo del fuego y la imposibilidad de huír. 

Sueño, recuerdo o imagino que caímos juntos y antes cayeron los párpados para poder retener esa imagen como algo vívido. No tengo memoria para decir cuando desperté ni si quise hacerlo desde que no volví a ver a Leo con los ojos abiertos.

Diciembre 29, 2011

Diciembre 28, 2011
La suerte

Ella intenta hacer un esfuerzo por olvidar la marca de la pared que se estaba rompiendo pero se mira en el espejo y se ve hermosa, y esa grieta desaparece entre muchos brazos.

Ella corre un día nublado a refugiarse porque teme que la lluvia que se acerca arruine su peinado y encuentra el sol en un nombre que tampoco recuerda.

Ella tenía la felicidad entre sus dedos cuando la convirtió en dados y los arrojó al vacío, los observó deslizarse por un acantilado al mar, golpear el agua y hundirse profundo. 

Ella se convirtió en arena, se hizo orilla y absorbió la espuma hasta reencontrarse  con la pérdida. Se hizo paz y dejó marcarse por las huellas de pies de extraños. Hasta la llegada de la próxima ola. Era orilla, el comienzo del océano en algún punto del universo.

Diciembre 26, 2011
‘Navidad uterina’ 
Oléo pastel, marcadores al agua sobre papel 120grs

‘Navidad uterina’ 

Oléo pastel, marcadores al agua sobre papel 120grs

Diciembre 26, 2011
La foto es propiedad intelectual de quien escribe.

La foto es propiedad intelectual de quien escribe.

Diciembre 24, 2011
La virgencita

Son hombres y mujeres pobres que caminan amontonados por una calle de tierra, algunos cantan, otros lloran, casi todos rezan. 

Las únicas luces del pueblo son las velas que llevan en sus manos, entrelazadas con rosarios, perdiendo lágrimas de cera que caen a morir en el polvo o en sus sucias ropas. No hay niños. Sólo Dios sabe qué es de ellos mientras los dos hombres del frente cargan en sus hombros, a la virgencita.

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